Hacía apenas unos
segundos que había entrado en el piso y escuché, por los pelos, el
final de una conversación.
Apoyada en la pared que
separaba el vestíbulo de la sala de estar prestaba atención a todo
lo que dijesen. De fondo sonaba desde un ordenador la versión
instrumental de Ghost Love Score y eso complicaba mis intenciones,
pero algo conseguí ir captando.
Con él estaba hablando
una chica que por lo que pude observar asomándome un poco por el
resquicio de la entrecerrada puerta daba bastante miedo. Ni llevaba
ropa deshilachada ni se puede decir que fuera bien arreglada.
Simplemente iba a su manera. Tenía el cabello negro y por lo que
pude observar los escasos segundos que la vi de perfil una mirada de
echar a correr.
Apenas susurraba mientras
la otra persona, el chico al que había ido a visitar, respondía con
ese tono tan propio de él y que saltaba continuamente entre lo
arrogante, lo burlón y lo sincero.
Dejé de mirarles y me
quedé ahí quieta esperando a que terminaran. Parecía ser algo
serio, o la chica estaba muy cabreada por las últimas palabras que
capté.
–Morirán, todos
morirán, ¿Me entiendes? Los destruiré a todos. No quedará ni uno,
desaparecerán.
–Pues buena suerte
–escuché como le decía él. Pocos instantes después la chica
pasaba por mi lado sin mirarme, abría la puerta y la cerraba tras
salir del piso. Me acerqué a la puerta de la sala de estar y decidí
que, aunque quedase raro, era mejor presentarse en ese momento. Otra
posibilidad habría sido marcharse sigilosamente y volver a entrar,
pero quedaría ridículo. Además, tenía cierta sospecha de que
tanto él como la chica sabían que me encontraba dentro aunque la
puerta de entrada fuese de lo más silenciosa del mundo.
Pasé por la puerta y me
encontré con el dueño del piso ordenando unos CD's en una
estantería.
Di dos pequeños golpes
en el marco de la pared.
–Buenas, ¿Qué tal el
día? –dijo sin mirarme, lo sabía. Sabía que se habían dado
cuenta.
–Bastante bien, ¿Y el
tuyo? Esa chica... ¿De qué hablaba? Si no es mucha indiscreción
–me senté en un sofá cercano. Era un alivio después de cuatro
horas andando por las calles de la ciudad.
–Elesia, tiene ciertos
problemas, nada del otro mundo –se dio la vuelta y se sentó en
otro sofá, suspiró.
–¿Elesia?
–Su nombre. Bueno, el
nombre por el que la conozco, ya sabes. Ah, y sí, es mucha
indiscreción.
–Claro...
–A decir verdad el
nombre es algo diferente, pero es la manera sencilla de pronunciarlo.
La segunda “e” debería sonar como una mezcla entre una “e” y
una “i”. No me preguntes como pronunciarlo sin querer maldecir
nuestra genética. Y bien –se frotó las manos–. ¿Quieres algo
de beber? Tengo casi de todo –y vaya si era verdad lo que acaba de
decir. Ese era el segundo piso suyo que visitaba y en el otro tenía
una buena y abastecida colección de todo tipo de bebidas, incluyendo
tanto las más comunes como las más difíciles de encontrar por la
zona.
–Sí, por favor. Un...
Una coca-cola.
Se levantó, estiró los
brazos y se marchó hacia la cocina, donde fuera que estuviese.
Hacía un mes me había
dado la llave de aquel piso y no había sido hasta ahora que decidía
visitarlo. Al parecer es algo que hacía con la gente con la que
tenía la suficiente confianza. Les deja utilizar pisos que tiene si
están en problemas o necesitan atender a algún lugar, cosas así.
También sabía que lo
hacía por otros motivos más importantes, pero nunca intenté
indagar en su vida, mucho menos en esos temas.
Volvió con mi coca-cola,
una botella de cristal bastante curiosa y con un vaso. Dentro de la
botella vi una especie de líquido amarillo, ¿Sería vainilla? ¿Por
qué iría en una botella de cristal tan rica en detalles? No todos
los días te encuentras con una botella de cristal tallada para que
los bordes tengan forma de hojas y grabados raros.
Me entregó la lata de
coca-cola y supuse que notó mi interés por la botella.
–Te preguntarás, ¿Qué
hago teniendo vainilla en una botella como esta? –asentí con la
cabeza casi involuntariamente–. La respuesta es sencilla. La
vainilla es la especia más cara después del azafrán y ha sido un
lujo durante varios siglos. Además tiene un maravilloso aroma, un
incomparable sabor y un curioso color. ¿Qué hay en este mundo más
valioso para poner en esta particular botella de encargo que un poco
de vainilla? –sin saber muy bien si era una pregunta abierta,
intenté hacer la gracia.
–¿Un cheque con un
millón de euros? –forcé la sonrisa.
–Podría ser, pero en
estos años no me fiaría mucho del euro –llenó el vaso y se asomó
a una ventana que tenía la cortina puesta. La apartó y miró. Luego
volvió y se sentó de nuevo en sofá–. ¿Y a qué te dedicas
últimamente?
–Sigo con la carrera y
trabajo en la panadería. ¿Y tú? –tal vez tuviese suerte.
–Nada en particular. Se
podría decir que estoy desempleado –no la tuve. Nunca hablaba de
su profesión.
–¿Puedo hacerte una
pregunta algo personal?
–¿Es un interrogatorio
sobre mi vida privada, mis dedicaciones y el núcleo de lo que se
considera mi ser, alma o personalidad? –sonrió.
–No, no es nada –no
parecía muy alegre, preferí no adentrarme en esos temas. Sin contar
que sabía que cuando él sonreía significaba que entraba en alguna
trampa suya. Peligro por así decirlo, una situación donde podía
hacer un revés con cualquier tema que me incumbiese.
–¿Y la familia, bien?
–Como siempre –titubeé
un momento–. ¿A cuanta gente has ayudado desde lo mío?
–¿Económicamente?
¿Físicamente? ¿Moralmente?
–Cualquiera.
–A un chico,
principalmente por dinero. Aunque dice divertirse al hablar conmigo.
A veces le llamo y nos vamos a pasear de noche por aquí. Es una
bonita experiencia, aunque no te lo recomiendo para una cita. Se
podría decir que no es el mejor ambiente para bajar la guardia
mientras ríes y le susurras cosas bonitas a otra persona –arqueó
ligeramente las cejas en lo que me pareció una cara de circunstancia
y se levantó.
–Hoy estás bastante
animado, ¿Verdad? No paras de moverte a un lado y a otro –le dije
moviendo una mano de izquierda a derecha–. Normalmente eres más
tranquilo.
–Estoy algo nervioso,
hay una alta probabilidad de que cierta gente desagradable se
presente dentro de poco, o ahora mismo, aquí -miró hacia la puerta.
Pasaron unos cinco segundos de profundo silencio.
–¿Qué gente? –dije.
Si tuviese un espejo me hubiera visto claramente alarmada. Y lo
estaba, sin duda. ¿Él nervioso? ¿Él, en serio?
–No te preocupes –imitó
mi gesto anterior con una mano–. Quédate ahí sentada, ahora
vengo.
Se fue por un pasillo y
al minuto volvió. Escuché como tecleaba en un ordenador y la música
cambiaba. Sonaba algo tétrico, amenazador. Música de... ¿Batalla?
Un ritmo constante al que se iban sumando instrumentos. Una orquesta.
¿Por qué ponía ese tipo de música ahora? ¿Me estaba gastando una
broma?
–Ven –se limitó a
decir. Me levanté y crucé el pasillo. Enseguida encontré la
habitación en la que se encontraba. Estaba sentado en una cama sin
personalidad. Por la ventana, sin cortinas y con la persiana a
medias, se veía la oscuridad de la noche. Serían por allá a las
siete de la tarde, medianos de diciembre–. Ahora, si eres tan
amable, entra en el armario, está vacío –ya no sonreía. Me quedé
atónita, iba en serio–. Y a ser posible, no salgas hasta que de
golpes en la puerta y te diga que soy yo.
–Pero... ¿Por qué
vienen unos tipos desagradables a visitarte? –sonaba más a
exclamación que a pregunta.
–Les invité a pasar
y... Bueno, las cosas no han salido como me esperaba –se encogió
de hombros–. Entra, por favor –señaló al armario que tenía a
su derecha, frente a mí.
Entré sin dudarlo ni un
segundo, nunca se equivocaba. O al menos, que yo recordara, nunca se
había equivocado conmigo. Confié en él.
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Un día un tanto especial en Cataluña (y otros lugares de España y el mundo por diferentes motivos) y el Día Internacional del Libro ^^,
De paso he corregido y editado el escrito "A place in heaven for the ones in despair" que data del 22 de agosto de 2011. Lo escribí fuera de casa (ahora no sé donde) y dije que lo corregiría, ahí tenéis.
De paso he corregido y editado el escrito "A place in heaven for the ones in despair" que data del 22 de agosto de 2011. Lo escribí fuera de casa (ahora no sé donde) y dije que lo corregiría, ahí tenéis.